A qué edad comienza el deterioro cognitivo de tu cerebro

La salud mental es de suma importancia, ya que nuestras capacidades son básicas para nuestro desarrollo a lo largo de la vida, como el intelecto y el constante aprendizaje. Sin embargo, su deterioro se agudiza con el paso de los años. Cuidar nuestro cerebro es el método de prevención más eficaz frente a otras patologías para nuestro organismo.

Estos son trastornos que debilitan nuestras funciones cognitivas:

Hay varios factores ligados a futuro problemas de salud mental, como padecer ansiedad estrés, éstos repercuten en consecuencias más severas.

Cuando una persona presenta estrés extremo, el cuerpo genera demasiado de la hormona cortisol y la mente puede tener efectos como insomnio, frustración, pérdida de concentración y hasta puede presentar un cuadro de alucinaciones o de suposiciones e imaginaciones de situaciones futuras que no son ciertas, además de respuestas físicas palpables como la alopecia capilar.

Esta respuesta del cuerpo frente a los miedos y preocupaciones del día a día hace que en ocasiones nos repercuta de manera desmedida. Un gran número de terminaciones nerviosas participan en la producción de la ansiedad, lo que provoca que las personas con esta afección sientan cualquier estímulo como causa amenazante.

Con respecto a la ansiedad, este problema es la forma en que el cerebro reacciona al estrés y lo alerta sobre un peligro potencial que se avecina. Cuando una serie de eventos desafortunados parece implacable, perdemos esa sensación de control y nos encontramos atrapados en una espiral descendente de negatividad.

Algunas de las señales más comunes son:

  1. Sensación de nerviosismo, agitación o tensión
  2. Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe
  3. Aumento del ritmo cardíaco
  4. Respiración acelerada (hiperventilación)
  5. Sudoración
  6. Temblores
  7. Sensación de debilidad o cansancio
  8. Problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la preocupación actual
  9. Problemas para conciliar el sueño
  10. Padecer problemas gastrointestinales

La ansiedad es un sistema de alarma, es decir, una de las formas que utiliza nuestro cuerpo y nuestra mente para decirnos que algo no está bien. Es una emoción normal que todos sienten de vez en cuando. Sin embargo, en ocasiones la ansiedad puede durar más de lo habitual; cuando esto último sucede, entonces puede interferir con la vida diaria y nocturna. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 260 millones en el mundo tienen trastornos de ansiedad.

Cuando una persona comienza a tener síntomas de ansiedad (taquicardias, mareos, sudoración o sensación de desconexión con la realidad, etc.) lo que primero se hace en terapia es combatir esos síntomas. Y aunque esta metodología es adecuada, no puede sostenerse por un largo tiempo. Si este estado emocional se mantiene en el tiempo es porque hay algo que motivando y mientras no se soluciones continuará causando afectaciones.

Todo esto con el paso del tiempo conlleva que las capacidades cognitivas se vean aminoradas, dado que nuestra mente no les está haciendo todo el caso que debería. La gran influencia que tiene padecer ansiedad se refleja en la pérdida de memoria, disminuyendo la atención y propiciando la aparición temprana de demencia.

Los cambios psicológicos suponen una de las causas con más peso a la hora de que nuestro cerebro vaya perdiendo funciones. No obstante, también existen otras causas como por ejemplo los cambios en las relaciones sociales o los propios cambios en el organismo.

El ser humano es un ser social que necesita relacionarse para su total adaptación, por lo que no tener contacto con otras personas puede actuar como un desencadenante del deterioro mental. Asimismo, la pérdida de visión u oído (uno de los síntomas graves del COVID-19) también pueden influir negativamente en que nuestras capacidades cognitivas se vean limitadas

Los rituales pueden ser una forma efectiva de recuperar la estabilidad después de una serie de sucesos desafortunados. Los rituales pueden ayudar a reducir la ansiedad e incluso a aliviar el dolor emocional, como reveló un estudio de 2013. 

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