¿Tendré que llevar mascarilla después de la vacuna contra el covid-19?

Recapitulando lo que sabemos de inmunología, tras ser inmunizados (ya sea de forma natural –infección– o artificial –vacuna–) nuestro sistema inmune adaptativo se activa y produce anticuerpos. Para ello, el sistema inmune desarrolla un tipo de células productoras de anticuerpos llamados plasmablastos en un proceso dependiente de la generación de linfocitos T y B específicos.

Este proceso dura aproximadamente unos 10 días. Si nos fijamos en los resultados de la vacuna, aquí es precisamente donde se separan las curvas de los pacientes que han recibido la vacuna (quedan protegidos) y los que han recibido el placebo (se siguen contagiando).

Dicho esto, hemos de recordar que esta protección empieza 10 días tras la segunda dosis. Por tanto, empezar la pauta de la vacunación no quiere decir ni mucho menos que ya esté todo hecho, sino que falta un mes para que esta haga efecto pues la segunda dosis se administra 21 días después. Ahí es cuando nuestro sistema inmune empieza la cuenta atrás de 10 días para quedar protegidos.

Qué hacer si ya hemos pasado el covid-19

Si ya hemos pasado el covid-19 no es necesario vacunarse. Esto es debido a que, en primer lugar, la inmunidad otorgada por una vacuna nunca va a ser tan efectiva como la inmunidad otorgada por una inmunidad o infección natural.

Por tanto, no sería necesario vacunar a las personas que tengan un diagnóstico previo confirmado de covid-19, aunque la hayan pasado de forma asintomática, ya que han activado su sistema inmune adaptativo y, por tanto, presentan células de memoria. Es cierto que vacunar a estas personas no les hará mal, pero tampoco otorgará ninguna ventaja.

De hecho, esta estrategia generaría un gasto adicional de vacunas y retrasaría la vacunación a gente no inmunizada y que realmente lo necesita.

Dicho esto, en este punto es importante tener en cuenta que el diagnóstico debe haberse validado con una PCR o con un test rápido de antígenos, ya que la presencia de anticuerpos reactivos frente al SARS-CoV-2 no es necesariamente indicativo de haber pasado la enfermedad. Podría deberse a un mecanismo de inmunidad cruzada donde no sabemos si este mecanismo confiere una inmunidad total o bien solo parcial.

¿Podremos decir adiós a la mascarilla?

Cuando nos hayamos vacunado, tanto la mascarilla como las medidas de distancia social seguirán siendo necesarias hasta que hayamos conseguido la ansiada inmunidad de grupo. Esto es debido en primer lugar a que aún no sabemos si los vacunados, pese a estar inmunizados, son un foco transmisor de la enfermedad.

Parece bastante improbable, pero aún no lo podemos descartar. Pero hay otro aspecto mucho más importante, y es la discriminación biológica subyacente similar a la que se propuso con el “pasaporte biológico” para los que hayan superado la infección.

Si permitimos una serie de prebendas y ventajas para los individuos inmunizados, estaríamos cruzando una barrera ética y legal muy peligrosa. Pensemos al revés. ¿Qué opinaríamos si en una entrevista de trabajo preguntamos si la persona es portadora del HIV? La situación es la misma, ya que estaríamos haciendo discriminación positiva en base a parámetros biológicos.

Hay que tener en cuenta además que no todo el mundo se puede vacunar, como son algunos pacientes inmunocomprometidos o, por ejemplo, personas con alergias severas (y aquí me refiero a personas que llevan consigo la aguja de adrenalina todos los días).

Esto es precisamente lo que sucedió en dos personas del Reino Unido, pero es que para este tipo de personas no está recomendada ni esta ni ninguna otra vacuna. ¿Estamos, por tanto, dispuestos a discriminar a los que no puedan ponerse la vacuna, o decidan en su libertad individual no ponérsela?

Si cruzamos esta barrera, ¿dónde ponemos el límite? Finalmente, pero no por ello menos importante, hay otro aspecto a tener en cuenta. Si permitimos que las restricciones se levanten para las personas vacunadas, mucha gente trataría de conseguir la vacuna de forma privada para volver a su antigua libertad (algo que no todo el mundo se puede permitir económicamente). Por no hablar del mercado negro que surgiría no solo de falsas vacunas, sino de falsos certificados de inmunización.

Por tanto, y lamentablemente para todos, hasta que no hayamos logrado alcanzar la inmunidad de grupo la respuesta es que sí. Las medidas de seguridad y distancia social deberán seguir manteniéndose para que todos podamos disfrutar de una desescalada segura y no discriminatoria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *