Enfermeras se suicidan y médicos siguen muriendo infectados en Italia

Miles de trabajadores de la Unión Sindical de Base hicieron huelga este miércoles en Italia para obligar a cerrar más fábricas, cuyo funcionamiento hace peligrar la salud pública. Daniela Trezzi de 34 años, enfermera en la terapia intensiva del hospital San Gerardo, situado en la ciudad de Monza, Lombardía, templo del dolor y la angustia de los enfermos más graves por la infección del coronavirus Covid-19, no se enteró de esta protesta porque se suicidó.

No daba más, estaba desquiciada por el estrés. Había quedado contagiada por el virus y temía haber contagiado a otros. Agotada por el trabajo, se suicidó.

Su deceso, confirmado por la Federación Nacional de los profesionales de Enfermería, revela «el precio alto que estamos pagando». Y no es el único, hay más suicidios. “Corremos el riesgo de sufrir estas condiciones de estrés y escasez de personal. Pero esto no se puede comentar ahora», expresa la entidad.

Daniela no ha sido la primera profesional sanitaria en suicidarse desde el inicio de la emergencia por Covid-19 en Italia. De hecho, hace una semana ocurrió un hecho similar en Venecia, con «los mismos motivos» y desde la Federación de los profesionales de Enfermería, que representa a los 450.000 trabajadores de ese sector a en Italia, muestran su preocupación ante la posibilidad de que se desencadenen hechos similares en «esta situación de estrés y carencia de personal sanitario».

El estrés nervioso, el agotamiento y el dolor por la tragedia de los enfermos que veía todo el día todos los días, se combinaron también para que la enfermera Silvia Luchetta, 49 años, del hospital de Jesolo, en Véneto, pusiera punto final y se arrojara al mar.

En Italia, desde el comienzo de la epidemia, 4.824 profesionales sanitarios han contraído el coronavirus, el equivalente al 9% del número total de personas infectadas, según datos del Instituto Superior de Salud (ISS) del país europeo.

Son hasta este miércoles 29 los médicos que han perdido la vida. Los dos últimos son Rosario Lupo, de Bérgamo y Giuseppe Fasoli, médico jubilado que se había presentado voluntario en Brescia, donde la necesidad de profesionales es desesperante.

Los hospitales de la primera línea en la lucha contra la pandemia son escenarios de luchas heroicas, pero también focos de nuevos brotes del coronavirus. “Algo no funciona”, cree el profesor Massimo Galli, primario de enfermedades infecciosas del hospital Sacco de Milán, uno de los expertos más escuchados.

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