Los bollos de guineo de Santa Ana han traspasado fronteras y en 40 años los han saboreado en algunos países de Europa y Norteamérica.

El domingo pasado un buen número de este exquisito plato manabita fue llevado a Canadá e Italia, donde agradó a los comensales y ya ha habido otros pedidos del Viejo Continente.

Lizardo Moreira se muestra sencillo y no saca pecho por ello.

Apunta que todo comenzó hace 40 años junto a su esposa, Uvaldina Pico, quien falleció hace 5.

Cuenta que junto a su compañera sentimental decidieron emprender en un negocio y vaya que les fue bien.

Sostiene que los primeros compradores fueron sus vecinos en la comunidad Caña Brava, barrio Caza Lagarto, cabecera cantonal de Santa Ana.

Con el paso del tiempo la fama de los bollos de Lizardo y Uvaldina fueron ganando terreno y la demanda creció.

Actualmente existe un esquema de trabajo que lo lidera, en la cocina, Dolores, una de las hijas del matrimonio.

Ella es la que se “quema las pestañas” en medio del calor que significa estar cerca del enorme horno donde la leña es el combustible insustituible.

Lizardo dice que cada bollo lo entrega a un dólar a varias personas, quienes se encargan de comercializarlos ya a otro precio para tener ganancia y convertir el negocio en una cadena.

De martes a domingo

Dolores señala que entre martes y jueves se hacen 100 bollos diarios, aumentando a 150 el viernes para entregar el sábado. El sábado aumenta a 200 para entregar el domingo.

Es que la preparación no es nada fácil. En la mañana comienza la tarea con la elaboración de la masa en la que hay guineo, maní, aliños (orégano, comino, cebolla, achiote y sal).

En el momento que Dolores está mezclando la masa e introduciendo el pescado y el cerdo en medio del bollo, Lizardo calienta a su “máxima expresión” el horno, utilizando la clásica leña que en el patio de la vivienda hay a granel.

Lizardo destaca que por lo menos se tiene que calentar el horno tres horas antes de introducir las unidades que van envueltas en hojas de plátano.

Cuando se apagan las llamas se introduce en la parte plana del horno hojas de plátano, y en las paredes tallos de guineo, convirtiéndose el horno en una especie de “microonda” de fabricación manabita.

Los bollos deben permanecer entre 11 y 13 horas en el horno para alcanzar su toque ideal y así conquistar el paladar más exigente.

Lizardo dice que se levanta todos los días a las 3 de la mañana a sacar los bollos del “microonda”.

El horno esta hecho de placas de cemento, madera y ceniza, un modelo que conserva en muchos detalles lo tradicional de la cocina montuvia manabita.

“En Portoviejo, Manta e incluso Guayaquil se vende nuestro bollo, y muy pocas personas saben que utilizamos guineo en lugar de plátano verde. La masa es más suave y le da un sabor exquisito”, sostiene Dolores.

Fuente: El Diario

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