Nadie mueve la cruz de Marco Julio.

Marco Julio Cedeño no alcanzó a conocer el mundo ya que murió a las pocas semanas de  nacido, pero su presencia se sintió varios años en el hogar de una familia.

Su cuerpo fue sepultado en el año 1950 en el patio de una vivienda de caña y enquinche, que fue propiedad de sus padres Tulio y Dora.

Pero debajo esa pequeña lápida está registrada una historia, de la cual cuentan José Cedeño y Lucia Macías, quienes compraron la propiedad hace varios años, cuando sus dos únicos hijos aún estaban en el jardín.

Lucía relata que cuando adquirieron la casa con el extenso patio trasero, la cruz permanecía en medio de un hermoso jardín y la propiedad ya no era de Tulio y Dora, sino de Prospero Cedeño. Lucia aclara que ninguno de los Cedeño vinculados a esta historia, son familia.

Los ruidos

La mujer señala que una vez su cuñada Ximena escuchó que un niño corría y reía en la sala y pensó que sus sobrinos ya habían llegado del jardín.

Esto se lo contó a Lucía y ésta quedó atónita ya que sus vástagos a esa hora aún estaban en el jardín. Era la 10h00 de un mediado de semana.

Pasaron las horas y más de uno en la casa sintió algo de temor ya que se acercaba la noche y llegaba el momento de acostarse a dormir.

Lucia recordaba el relato de un cuñado que alguna vez se quedó durmiendo en la casa y no le quedó otra opción que hacerlo en la sala de la vieja casona. Es que la noche y madrugada no fue nada placentera para el invitado, ya que escuchó ruidos y sintió que alguien se le acostó a los lados.

La muerte de Dora

Lo cierto es que el mismo día que escucharon las risas y pasos apresurados del niño en la sala de la vivienda, había fallecido doña Dora en otro sector de Santa Ana. Enseguida pensaron que Marco Julio estaba feliz porque por fin se reencontraba con su progenitora en el más allá.

José Cedeño, quien tiene un taller de ebanistería en el área donde se encuentra la lápida, mencionó que los vecinos siempre que ellos salían y quedaba sola la casa le preguntaban si alguien había permanecido en la vivienda.

Es que cuando ellos abandonaban la morada los contiguos escuchaban que alguien, con paso liviano, corría en el interior.

Esto terminó cuando demolieron la vieja casona y construyeron la nueva edificación con hierro y cemento.

José Cedeño sostiene que a los muertos hay que dejarlos descansar en paz y por eso no ha querido que nadie mueva la cruz.

Es más, cada noviembre, Día de los Difuntos, José le pone velas en señal de respeto al alma que finalmente pudo descansar en paz.

El Dato

La vivienda y el taller están ubicados en la calle Horacio Hidrovo Velásquez y 9 de Octubre.

Antes la familia Cedeño-Macías vivía cerca del cementerio general de Santa Ana.

Fuente: El Diario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *